Intento encontrar algo... Las camas hechas, una esencia de pétalos de jazmín fresco revolcados en el pasillo, de sahumerio de lluvia de verano que dejé coinsumiéndose en mi pieza, la ausencia del polvo en los muebles o bien, las manchas en las paredes, toneladas de agua semiamarga guardadas en la almohada, notas de piano, tu voz o guitarra... Pero me pasa que apenas introduzco la llave en la cerradura de la puerta de mi casa comienza una enredadera espesa y oscura a envolver mis pies, mis manos, mi cintura, me lleva a la fuerza hacia el interior y me muestra todo atrapado, cubierto, anulado, agotado de sombras, muerto de celos, de miedo a aleteos de mariposas, de palomas, de águilas; palabras reprimidas, derechos inventados, un corazón enfermo y agitado a punto de parar luego de estallar.
Por ser mi espejismo tangible,
mi realidad utópica,
por ser la persona que me hizo morir,
resucitar,
la única que hizo mi alma vivir,
por adornar mis alas con las suyas,
por pintar golondrinas en mi caparazón,
y fabricarme una grulla de papel de palabras que sé de memoria,
por ser único,
imperfectamente perfecto,
el complemento de mis imperfectas perfecciones,
por ser extraterrestre como yo,
probar que hay vida en Shine y en los meteoritos,
por demostrarme que existe algo con lo que me concluyo, me completo…
por ser tan débil y tan fuerte,
por ser tan demasiado inolvidable,
por las melodías compartidas,
por todo lo que se llama tuyo,
por escucharme,
por ser esencia de mis sonrisas
y el calor que me alejó del frío de la desilusión,
por mirarme a los ojos inyectando las ganas de amarte,
por ser la persona extrañada,
por ser cineasta,
por quererme
y dejar granadas en mi cabeza cuando te vas…
Sos el pequeño pedazo de universo que más quiero.
Camino rodeada de paredes afiladas, lentas, pesadas. Presionan el aire contra mi piel,
me invaden,
me limitan,
me abrazan,
me comprimen...
Cada día unos centímetros más avanzan…
Intento detenerlas pero mi ilusión no basta.
Las miro en busca de piedad
en su pintura,
en su cemento,
en su ladrillo de salida cercana de fábrica
pero continúan,
y hacen salir sangre por mi nariz,
mis ojos,
mis oídos,
mis numerables poros…
que ya no existen.
Poco le quedaría al corazón si le quitáramos su pobre
noche manual en la que juega a tener casa,
comida, agua caliente,
y cine los domingos.
Hay que dejarle la huertita donde cultiva sus legumbres;
ya le quitamos los ángeles, esas pinturas doradas,
y la mayoría de los libros que le gustaron,
y la satisfacción de las creencias.
Le cortamos el pelo del llanto,
las uñas del banquete, las pestañas del sueño,
lo hicimos duro, bien criollo,
y no lo comerá ni el gato
ni vendrán a buscarlo entre oraciones
las señoritas de la Acción Católica.
Así es nomás: sus duelos
no se despiden por tarjeta,
lo hicimos a imagen de su día y él lo sabe.
Todo está bien, pero dejarle un poco
de eso que sobra cuando nos atamos
los zapatos lustrados de cada día;
una placita con estrellas, lápices de colores,
y ese gusto en bajarse a contemplar un sapo o un pastito
por nada, por el gusto,
a la hora exacta en que Hiroshima
o el gobierno de Bonn o la ofensiva
Viet Mihn Viet Nam.
Julio Cortázar

Es inútil pensar que el tiempo no nos lleva lejos. Hoy mis súplicas de encanto encarcelan mis posibilidades de paz, pero a la medianoche trataré de vencer mi yo de hoy, el más leal, para ver de otro color cuando despierte. Quizás, ruego en realidad, todo se note en mis sueños o en mis pesadillas... Es inútil creer que los sueños siempre se cumplen. Tal vez mañana aparecerán abandonados los míos en paredes de frío inútiles, con mi firma. Podría despojarlos de mi propiedad de esa manera, dejándolos vulnerables al robo o la degradación. Quiero florecer, dejar crecer mis ramas agobiadas de tanto maltrato hasta que se pierdan en el aire azul. Acabo de llenarme de humo tratando de quemar mis torturas, vos decís que funciona? Me dieron ganas de intentar.. aunque duela.
Foto tomada por Pablo Herrera

Era el tiempo agridulce
del campo en erupción
donde semillas desgarraban
arterias de la tierra.
Las palabras ya no eran necesarias
para acercar los labios
Ni el hombre ni las lluvias
abono
para esa blanca orfandad
que les nació
banderas en el pelo.
Supieron desde siempre
de las manos rendidas
frente al latido insomne.
Y soñaron con un mundo distinto
al borde atónito del límite
tan peligrosamente cauto.
Silencio en el abismo,
necesario silencio en las lisuras
hasta palpar el aire
para encontrar
la furia de sus cuerpos.
Silvia Spinazzola
Se adelantó la voz
un paso más allá de los silencios.
Supo abrirle canceles por dentro de agonías.
Reconoció en su sombra cierta luz
al pulso de campanas en horas de la siesta.
Con cuidado buscó cada signo en sus manos.
Torció las cicatrices. Almidonó de olvido
las ausencias.
Y halló el misterio de ese bandoneón
al desplegar sus labios.
Borró con sus diez dedos
trozos de la memoria
y al pasar por los bordes de la herida
prendió cada botón de los recuerdos.
Le construyó paredes
un manto
dos sandalias
trescientas mariposas
el gorgojeo azul para su nido.
La vio partir
libre
lejana...
Su boca era una espiga
y sus pies
de papel.
Silvia Spinazzola