Vistas de página la semana pasada

sábado, 1 de agosto de 2009














Tantos golpes aturdiendo, flechas que esquivar, brazos que me llevan a la fuerza hacia la oscuridad, extracciones de oxígeno, bronca impotente, cubierta de nudos, totalmente inmóvil en medio de un embotellamiento y asfixiada en medio de tanta contaminación.

Respiré hondo. Anulé todo. Puedo dejarme guiar hacia un lugar en donde la luz sigue cálida hasta cuando anochece, donde no hay frío ni calor, donde la magia de la paz me envuelve y me da toda la seguridad que huye frecuentemente de mí. Aprendí a salir de la alcantarilla en la que vivo y escapar a una isla que inventamos, nuestro hogar, donde podemos salvarnos de cada monstruo del mundo exterior, donde te duermo entre mis brazos y te siento. Simplemente te siento.

Las incertidumbres me han dejado de lado. El miedo ya dejó de retenerme, de impedirme avanzar y cortar las cadenas que yo misma intenté reforzar para que me mantuvieran en tierra. Creo ahora que es lo único a lo que puedo sostenerme para tratar de salvarme.

El tiempo no va a existir, te lo juro.

El tiempo no va a existir ni para vos ni para mí.

miércoles, 29 de julio de 2009


Ya no encuentro más pistas. Es preferible dejar atrás preguntas sin respuestas y mirar en el fondo del canela de tus ojos, asumir esa postura de placer actual siendo consciente de mi propia inconsciencia. Lentamente, la fuerza se degradó en colores menos opacos, casi invisibles y la pared prácticamente ya no existe. Me dolerá saber que no sé qué nos espera detrás de todo esto, qué nos acorrala, qué es lo que nuestros órganos pueden cometer para dañarnos hasta estrellarnos. Y más allá de tantas cadenas que no se rompen, espero ansiosamente el falso momento en que puedan romperse y dejarme ciega ante la luz para ser libre y encarcelarme en otras prisiones que aparenten ser paraísos. El haz oscuro de mi locura me hizo entender que no se sabe enloquecer, enloquecer se es, enloquecer se hace y se siente, enloquecer nos cuesta toda la racionalidad y el líquido que nos alimenta fingiendo ser felices.