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sábado, 5 de septiembre de 2009

Vamos, vamos, vamos. No, no, no. Ten cuidado.

Pueden descubrirte, ten cuidado. ¡Mira en dónde pisas! Hay trampas por todos lados… Hacía tanto frío. Las ramas crujían atrás suyo y luces alternantes intentaban descubrir su cuerpo. Corre. Ahora! Corre! No te detengas! No mires atrás! Se despertó cuando despertó la luz, y de pronto… la paz…





Si podés sentirte como un niño, llegar a las nubes será muy fácil. Si podés sentirte como un niño, encontrarás en tu mano un atado de globos, un barrilete gigante o mirarás hacia atrás y tendrás unas suaves alas que desplegar.. Si podés sentirte como un niño, es porque todavía conversás con esa cosita que adentro tuyo quedó, y que se ríe cuando, de verdad, sabés apreciar las cosas más simples...


Un sueño. Un profundo sueño. Las sábanas me envuelven hasta dominar mi capacidad de sentir el espacio exterior y sin abrir los ojos veo todo lo que quiero ver. Todo en blanco y negro, una vida distinta a la mía, un aglomerado de gente y a veces nadie, pero siempre reflejos sin sentido…Excepto vos, en medio de todo, sonriéndome desde unos metros más allá, llenandome de paz…
Y te agarro la manos y te abrazo como nunca…Y la gente sigue o no sigue, pero igual es como si no existiera. Nos vamos, vos y yo, caminando por ese suelo ya un poco pintado de algunos colores

jueves, 3 de septiembre de 2009

(...)

De alguna manera, un día me di cuenta de todo lo que puedo obtener del mundo, o mejor, de todo lo que, en realidad, espero de él. Siempre quise saber en dónde podría encontrarlo. Día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, miré fijamente el brillo y la opacidad de las cosas, nunca dejé de ilusionarme a pesar de caerme tantas veces, mirar a la gente y muchas veces, saber que gran parte de ella no me entendía. Igualmente, seguí, seguí, y quizá por eso reprimí muchas palabras, y quizá en eso de tratar de amoldarme, intentaba pensar que estaba equivocada y me comí muchos errores, lastimando mis propios sueños, subordinándolos a decisiones que creí mejores y que hoy, me doy cuenta, fueron las peores. Digo “peores”, porque me impedí a mí misma ser yo misma…Se me vienen a la cabeza las palabras de alguna amiga que me decía: “Dejáte ser”. Hoy sé que tenía toda la razón, y siempre voy a odiarme por no saber descifrarlas, saber seguirlas… Igualmente, algo pude rescatar a tiempo y ahí sí, fue cuando desperté y empecé a creer en que soy artífice de mi destino, aunque a veces, me acobardo y vuelvo a lo de siempre, guardándome el aire que necesito sacar al no serme fiel y valer por ello. Soñando en la tierra, pude volar de a poco. Y volé. Volé tan alto que me aislé, y al aislarme, me costaba mucho entender que para ser feliz, mucha gente a mi alrededor tendría que pasar por mi mismo proceso. Como todos sabemos, tristemente muchos nunca van a llegar a eso. Tristemente, mucha de la gente que me rodea, no entiende mis principios, no entiende mis ideales, y peor aún, al no entenderlos, no los respeta ni me ayuda a alcanzarlos. Es tan difícil luchar por eso… Pero nunca voy a arrepentirme de haber despertado de la realidad y darme cuenta de las cosas que realmente valen, darme cuenta de las cosas que realmente me harían feliz, en vez de haber seguido cegada por las superficialidades, el qué dirán, las maneras de ser sin sentido alguno, y todas esas cosas. En medio de la lucha, conseguí encontrar un sueño cumplido que me atrapó, hasta tal punto, que no pude despegarme de él cuando empezó a hacerse imposible. Al fin, me había topado con todo lo que necesitaba y pum – pim – pam – grum, unas garras de a poco lo arrastran fuera de mi vida y siento que pierdo todo, todo lo que había soñado, lo que sueño y lo que sé perfectamente, soñaré toda mi vida, porque seguramente, en el futuro será un sueño para soñar y no para vivir y lo seguiré soñando, porque tengo la feliz certeza de que nunca voy a cambiar mi forma de ver. Es increíble. Lo que siempre quise, tan perfecto, quizá pueda perderlo para siempre.

He ahí lo injusto y más triste que me pasó en la vida.

viernes, 28 de agosto de 2009

El arte de todos

Por sorpresa, en medio de todo y de nada, antes y después de algo, puede nacer esa sensación encandilante y serena, desesperante y adictiva que batalla y conquista los pulmones, los enrosca, los reprime o deja expandirse cuando se le da la gana. Se llena de presencias el agujero de tu alma y transpiras excitación, ansiedad y angustia…

¿Angustia? Sí, angustia…Porque aunque creas tener todo para seguir adelante, siempre la angustia escucha su teléfono sonar, atiende y es el miedo quien la llama… El miedo a perder, el miedo a caer al piso, el miedo a la oscuridad, el miedo a la gente, el miedo a uno mismo, el miedo a que todo se acabe tan por arte de magia como empezó.

Queramos o no, siempre hay una gota de angustia cuando nos enamoramos y siempre seremos felices dentro de tristezas.

El amor puede contradecirse una vez que se integra a tu ambiente, ya no tenés alternativa más que darle de comer, una colcha, y un baño..Pero es huésped de no irse en unos días… Se convierte en tu mejor cliente, y como tu economía depende de él, no podés echarlo así como así, como cuando echás la basura en la calle para que se la lleven los martes a la noche.

El amor te hace bipolar, un día te ayuda a reír, otro día, a llorar. En la mitad de tus sentidos (¿mitad? Sí, dos sentidos y medio), podés sentir el placer extremo de existir y en la otra mitad, rozás espinas que te hunden la carne hasta romperla y darle un lugar por donde salir a tu tinta…

El amor te acorrala y te obliga a jugar, tirar dados, retroceder, avanzar, dar prendas, ganar, perder, con ganas de dar vuelta el tablero y establecer tus propias reglas, pero no, pero no, pero es él quien las impone y vos sos un simple subordinado.. El amor te amordaza y te deja volar, el amor te quema con hielo…

El amor, siempre, nos invade a todos, y entre todos, cada uno por su cuenta es invadido por él…

El amor, es uno de los únicos destinos en los que creo…

El amor es la savia del sentido de vivir, y puede presionarte a decir: “Te amo”.

miércoles, 26 de agosto de 2009

...



Haber sido feliz alguna vez te encadena a ser persecuta de sus huellas, a pisar mierda y revolver la basura, vivir entre ella... Mientras, los días se te caen encima como pianos desafinados, como macetas de cemento que esconden semillas de lugares inútiles e inoportunos que tocan a tu puerta.. y vos abrís sin mirar, sin preguntar nada... Las carcajadas y las miradas se revientan como insectos contra tu invisible coraza que de a poco se degrada... Llevás en el bolsillo vidrios rotos, antiguas copas que reventaste contra esa pared amarga que intentaste atravesar tantas veces y que tantas veces te rebotó como una pelotita de goma, dejándote lejos... difícil de encontrarte... escondida entre los arbustos, resignada e inmóvil,
sucia y cobarde..



jueves, 13 de agosto de 2009

II


Ojalá la tinta tan sólo se escapara de los ojos, de una buena vez, para no manchar tantos papeles inútiles y mirarlos luego con expresión de nada, sabiendo que me vacío en ellos. Igualmente, es algo inevitable. Igualmente sería un problema que la tinta saliera por mis ojos, no podría evitar manchar todo, aunque tenga cuidado. Se mancharía mi ropa, seguramente, mi almohada, mis sábanas, el piso, los pañuelos, el lavamanos, el espejo, las toallas, y todo cuanto pase frente a mí mientras dure el desagote, porque tanta fuerza la tinta tendrá que no se comparará con la presión de las lágrimas saladas normales, que salen tímidas y se escurren por la cara…

Ojalá la tinta de deshiciera. Me cansa a veces tenerla adentro, ahí, siempre, constantemente, nunca transparente, molestando en cada movimiento, resuena el sonido líquido en mi interior. Y digo siempre, porque aún cuando creemos que se desagota, algo queda, algo queda, como cuando tomamos un jugo con sorbete, algo siempre queda. De un poquito se reproduce por dos, por tres, por diez, por mil…
Nunca te deja en silencio, tranquilo, absorto ante tanto vacío.

Ojalá la tinta…ojalá la tinta no fuese nuestra propia vida, nuestra propia posibilidad de sentir, es decir, nuestra propia posibilidad de ser, porque somos cuanto sentimos.
Y sin tinta, soy inservible. Sin tinta, no soy.
Sin tinta, no vivo. Sin tinta sólo soy un envase vacío.