¿Angustia? Sí, angustia…Porque aunque creas tener todo para seguir adelante, siempre la angustia escucha su teléfono sonar, atiende y es el miedo quien la llama… El miedo a perder, el miedo a caer al piso, el miedo a la oscuridad, el miedo a la gente, el miedo a uno mismo, el miedo a que todo se acabe tan por arte de magia como empezó.
Queramos o no, siempre hay una gota de angustia cuando nos enamoramos y siempre seremos felices dentro de tristezas.
El amor puede contradecirse una vez que se integra a tu ambiente, ya no tenés alternativa más que darle de comer, una colcha, y un baño..Pero es huésped de no irse en unos días… Se convierte en tu mejor cliente, y como tu economía depende de él, no podés echarlo así como así, como cuando echás la basura en la calle para que se la lleven los martes a la noche.
El amor te hace bipolar, un día te ayuda a reír, otro día, a llorar. En la mitad de tus sentidos (¿mitad? Sí, dos sentidos y medio), podés sentir el placer extremo de existir y en la otra mitad, rozás espinas que te hunden la carne hasta romperla y darle un lugar por donde salir a tu tinta…
El amor te acorrala y te obliga a jugar, tirar dados, retroceder, avanzar, dar prendas, ganar, perder, con ganas de dar vuelta el tablero y establecer tus propias reglas, pero no, pero no, pero es él quien las impone y vos sos un simple subordinado.. El amor te amordaza y te deja volar, el amor te quema con hielo…
El amor, siempre, nos invade a todos, y entre todos, cada uno por su cuenta es invadido por él…
El amor, es uno de los únicos destinos en los que creo…
El amor es la savia del sentido de vivir, y puede presionarte a decir: “Te amo”.
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