de la cobardía...
Tu desatarme.
Incondicionalmente, te di las alas,
vacié botellas de valentía
guardadas en la despensa...
Súbita orfandad del miedo
que alimenté encerrada
en una casa etérea,
perfecta y vana
donde anhelos ansiaban consumirse en hechos.
Súbito salto enfrentando el abismo,
el destriparme en un duro asfalto,
el traspasarme de hastíos y agujas.
Y ahora te exilias
y me echas,
ninguno se acerca al castillo.
¡No me impidas caminar descalza sobre las espinas!
Susurro como una promesa esa sangre en los pies,
quiero y ansio la espera...
Porque quedarme sin esperar
es desesperar el miedo, la pérdida...
vos.
Des-esperarlo:
capricho insensato,
señora cobardía.
Vistas de página la semana pasada
miércoles, 13 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
El Cielo Eterno
Cada minuto pasa corriendo susurrándome al oído un pequeño secreto. Veo el Sol sobre las hojas verdes de esta primavera suicida y hago borradores de tu presencia, una y otra vez, una y otra vez: caminando por la vereda, en mi cama abrazándome, regalándole tu mirada a la noche, respirando cerca de mi oído, besando el costado derecho de mi cuello, robándome el alma, pintándome poemas en el asfalto, llorando mis tristezas, sacudiéndome el polvo…
Sí, cada minuto pasa corriendo susurrándome un pequeño secreto: no estás y te ansío desesperadamente como al oasis que un náufrago del desierto se cansa de buscar.
Te ansío y te muero mientras vivo en el recuerdo de sucesos ridículamente imaginarios y otro par que ya no sé dónde ubicarlos, si acá en el mundo o allá donde se suponía que había otro…
Mientras buscás otros cielos, yo voy a seguir acá y no voy a dejar que las nubes grises dejen de hacerte ver este azul de amor inquieto, incapaz de dejarte a la deriva, indeleble.
sábado, 25 de septiembre de 2010
Detrás de esa fragilidad
Sonrío sin querer, sí.
Mientras miro tus ocurrencias
a través del vidrio,
se te nota un brillo en los ojos,
una esperanza florecida en las palabras,
un no sé qué de fuerza en la risa,
campanas en tus manos,
aunque pese una mirada
de vez en cuando,
seguís…
Y te vas.
Sí, mirás.
Pero no estoy,
sólo encontrás
tu reflejo en el espejo
y tu mano encuentra la mía
sin querer,
pero no me tocás,
y quizás tus ojos
encuentren los míos,
pero no me mirás,
sólo es una leve sensación.
Sonrío sin querer.
Te encuentro
detrás de este vidrio,
mi vidrio,
tu espejo,
sólo encontrás tu propio reflejo.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
Ese romper-el-corazón
Creí que la soledad sería un mito mientras existieras,
que jamás me regalarías vidrios rotos,
que ni tu parte más filosa podría dejarme marcas en las manos
cuando intentara tocarte.
Solía deslumbrarme soñando
que estabas cerca de mí para abrazarme,
para contarme qué forma tenían esas nubes
o para susurrarme que estabas feliz contemplando
ese cielo lleno de estrellas, LLENO.
Ansiaba sorprenderte,
quería enloquecerte…
Y lo que más de ti creía tener era tu manantial
pero vi mis brazos mientras te ibas
No me daba cuenta.
Jamás tu verdad vomitarías,
me abandonabas bajo tu opacidad.
Lo más agrio fue sentir que por mi garganta subía
mi desesperación y atinaba a tragar,
intentando entender de qué se trata ese romper-el-corazón,
y que si vos,
y que si yo,
y que si todo fue un tropiezo,
un hecho que no debió haber existido en esta narración,
que si los personajes no encajaban,
que si el escritor sin tinta se quedó…
domingo, 5 de septiembre de 2010
Sueños incluídos
Te duermes
cual un niño cansado de tanto jugar,
inquieto mis dedos sobre tu pelo
intentan, a la vez, olvidar del tacto la sensación,
te contemplo, llena de nostalgia y paz amarga,
intento pensar que simplemente te estoy imaginando acá...
Te duermes
y sueñas, amor, con que estoy a tu lado,
una nube tangible,
delirio en tu almohada,
unas manos te acarician
y una mirada te contempla
mientras te duermes...
Te duermes
y yo sueño
que me imaginas allá,
cansada de jugar,
soñando que sueñas
que te sueño soñándome.
cual un niño cansado de tanto jugar,
inquieto mis dedos sobre tu pelo
intentan, a la vez, olvidar del tacto la sensación,
te contemplo, llena de nostalgia y paz amarga,
intento pensar que simplemente te estoy imaginando acá...
Te duermes
y sueñas, amor, con que estoy a tu lado,
una nube tangible,
delirio en tu almohada,
unas manos te acarician
y una mirada te contempla
mientras te duermes...
Te duermes
y yo sueño
que me imaginas allá,
cansada de jugar,
soñando que sueñas
que te sueño soñándome.
jueves, 2 de septiembre de 2010
No debo ni quiero... pero lo hago
Y a pesar de que no puedo evitar sentir patinar unas cálidas muestras de agua amarga por mi mejilla izquierda (la derecha también, en realidad), estoy escribiendo esto para no dejar pasar las letras que salen de mí. Y a pesar de que estoy temblando y me duele la panza, no puedo negar que envidio tu fortaleza para salir de acá. Ahg, me arde la piel, es así, y tiemblo y me duele la panza cuando me pongo tan nerviosa, ansiosa y desesperada, y miedosa y quiero desaparecer y no existir más.
Es tan difícil intentar dejarte ir, intentar darle cabida en mi mente a la idea de que no te hago feliz, de que podés y querés seguir otras migas de pan, otras flechas, otras palomas. No quiero atarte y sin embargo, sí quiero. No quiero amarte, y te amo. No quiero extrañarte pero te extraño. No debo hablarte, pero te hablo. No debo ni quiero, pero lo hago. ¿Hay excusas? No puedo con mi genio ni siquiera por vos.
Y yo que pensé que habías cambiado… Lo peor de todo esto es que no lo has hecho y eso hace que más me duela estar desapareciendo, sí, así, como en el poema de Cortázar que tanto me identifica. No es momento de negármelo… No.
¿Vas a leer esto, fantasmita? Qué más da… a vos va dirigido.
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