Se despertaron aquel susurro y su poder indiscriminado sobre mis oídos. Ellos luchaban por ser libres. Tenían derecho a serlo. Entonces la piel empezó a quemarse desesperada por darle al tacto un sabor amargo, por sacar ese gusto del medio de mi estómago, que subía por mi esófago y empezaba a manchar el aire de palabras sin coherencia que repetían cosas sin solución.
Cuando yo desperté, intenté detener la luz, que residió en mis ojos abiertos, con la figura de mi mano. La luz solar se había ubicado en el centro de mi ventana al mundo y quería aturdirme sin motivarme a darle la bienvenida al día.Mi cansancio se encaprichó y todo se volvió oscuridad de nuevo.
Ya no puedo dictar a mis dedos, a mi lápiz, a mis hojas en blanco. La tinta es rebelde y las palabras ahora saben realmente lo que es tragarse su significado y que les duela la panza.. ¿ Es mejor vomitar y que te duela la cabeza o estar con dolor de panza y náuseas mientras todos los minutos pasan, conversan un poco y se toman un café tranquilamente? Ya no sé, encima también pago la cuenta del café, claro.
A veces quiero realmente sentirme en medio de la atmósfera y realmente caer. En mis caídas, lo peor es el hecho de que seguís vivo después de ellas y te duele todo. Cuando caés se te entierra una gran piedra verde unos centímetros arriba del pupo que puede profundizar su posición cuando quiere y desde ahí mismo te inyecta cianuro en las venas.
Y vos vas al médico. Y el médico no sabe. Y el médico no entiende nada. ¿Y qué querés que entienda si es un médico? No hay medicinas para sacar piedras verdes del medio de tu cuerpo y menos para extraer todo el cianuro que tenés y recorre campantemente cada caminito que tenés desde tus pies a la cabeza. Y no, y no. Ya lo sé. Sólo era por si acaso...Es que ese dolor me complica el abrir los ojos todas las mañanas, me complica todo el día, todos los días, toda mi semana, todas mis semanas, todo el tiempo que sigo viva y me someto a esta masa de realidad que no se lleva bien con la de irrealidad en la que intento congelarme cuando sueño...
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jueves, 25 de junio de 2009
lunes, 22 de junio de 2009
Wings
El tiempo nos congela en un blanco frío.
Mi piel ya no siente nada. Mi piel está acostumbrada a el pinchazo severo de ese blanco congelante.
Mis alas. Mis alas siguen abiertas.
Yo sólo quiero usarlas.
Mi piel ya no siente nada. Mi piel está acostumbrada a el pinchazo severo de ese blanco congelante.
Mis alas. Mis alas siguen abiertas.
Yo sólo quiero usarlas.
viernes, 19 de junio de 2009
sábado, 30 de mayo de 2009
Palabras que piden perdón, palabras que no pueden dejar de ser
Marcas, vestigios, ruidos, imágenes, papeles de colores, hojas, nubes, lluvia, sonrisas, lágrimas, pisadas, caminos, palabras, susurros, cosquillas, tiempo, lugares. Todos guardados en el cajón, en el cajón abierto. No saben enajenarse del presente. No se puede ahorcar el corazón dejando que la sangre siga circulando.
En medio de mi garganta siguen intactas tantas palabras borradas, reprimidas por la mente, atiborradas de sentidos, censuradas, prohibidas, inmóviles, cansadas de permanecer congeladas en el mismo sitio. Palabras, palabras que quieren dejar de ser, pero son, palabras que no enseñé pero que quedan como espinas en mi garganta para no ser espinas en otro lugar, palabras que no quieren revolver, que no quieren recordar, que no quieren hacer mal, que sólo intentan volverse invisibles para no lastimar al que ya sufre desangre y si pudieran suicidarse se tirarían por un acantilado al mar para no volver jamás, para no hacer llorar. Palabras que connotan demasiado. Palabras que cada vez sienten ser más y más tardías. Palabras que sienten, palabras que desahogarían y ahogarían si se revelaran ante mi dictadura. Palabras integrantes de sectas, de organizaciones secretas que la atmósfera no debe conocer. Son tantas palabras y hacen tanto por amor. Palabras de esas que el viento no lleva nunca, no puede arrastrarlas porque pesan demasiado.
En cada momento solitario la imagen se queda inmóvil ante los ojos. Pero no es la imagen de enfrente, por supuesto, todo lo contrario. Es ahí cuando se escuchan a lo lejos las canciones, las melodías hermosas de un piano cruel frente a las que se rinden mis ojos, alejan las espadas, el fuego y ya no les queda más que sentirlas, ya no les queda chance, ya ni siquiera tienen fuerza para evitar…evitar todo lo que sigue. Mi barco tiene su ancla bien enterrada en el fondo, y como a alguien le dije, no tengo ni botella, ni pluma, ni papel… Le tengo miedo a esas olas gigantes, son enormes y yo cuento sólo con un impermeable. Qué absurdo…Como si eso me salvara de todo el mar!
En medio de mi garganta siguen intactas tantas palabras borradas, reprimidas por la mente, atiborradas de sentidos, censuradas, prohibidas, inmóviles, cansadas de permanecer congeladas en el mismo sitio. Palabras, palabras que quieren dejar de ser, pero son, palabras que no enseñé pero que quedan como espinas en mi garganta para no ser espinas en otro lugar, palabras que no quieren revolver, que no quieren recordar, que no quieren hacer mal, que sólo intentan volverse invisibles para no lastimar al que ya sufre desangre y si pudieran suicidarse se tirarían por un acantilado al mar para no volver jamás, para no hacer llorar. Palabras que connotan demasiado. Palabras que cada vez sienten ser más y más tardías. Palabras que sienten, palabras que desahogarían y ahogarían si se revelaran ante mi dictadura. Palabras integrantes de sectas, de organizaciones secretas que la atmósfera no debe conocer. Son tantas palabras y hacen tanto por amor. Palabras de esas que el viento no lleva nunca, no puede arrastrarlas porque pesan demasiado.
En cada momento solitario la imagen se queda inmóvil ante los ojos. Pero no es la imagen de enfrente, por supuesto, todo lo contrario. Es ahí cuando se escuchan a lo lejos las canciones, las melodías hermosas de un piano cruel frente a las que se rinden mis ojos, alejan las espadas, el fuego y ya no les queda más que sentirlas, ya no les queda chance, ya ni siquiera tienen fuerza para evitar…evitar todo lo que sigue. Mi barco tiene su ancla bien enterrada en el fondo, y como a alguien le dije, no tengo ni botella, ni pluma, ni papel… Le tengo miedo a esas olas gigantes, son enormes y yo cuento sólo con un impermeable. Qué absurdo…Como si eso me salvara de todo el mar!
viernes, 29 de mayo de 2009
Lejanía en impotencia

Ya ni siquiera pido una segunda jugada
para intentar atacar y derribar tus fuertes,
para intentar surgir el cansancio de tus brazos
y que, ya así, las paredes en ruinas puedas entender al ver mis ojos
lo que intentan gritar las espadas.
Tan lejos estás, tan lejos tus pisadas. Este aire se contamina de ausencia.
El ardor en mis manos inútiles y degradables que no pueden transgredir las dimensiones hasta alcanzar tus labios, me consume ácidamente hasta la médula. Sólo quedan tumbas rellenas de aquella vida
envuelta en la presencia de tu aliento, que suave,
respondía a mis temores y, cual polvo de hada,
me hacía flotar sobre las espinas enjugadas en desdicha sobre las que caí al aterrizar.
jueves, 28 de mayo de 2009
Liquidación de saldos

Me siento morir en ti, atravesado de espacios que crecen,
que me comen igual que mariposas hambrientas.
Cierro los ojos y estoy tendido en tu memoria, apenas vivo,
con los abiertos labios donde remonta el río del olvido.
Y tú, con delicadas pinzas de paciencia me arrancas
los dientes, las pestañas, me desnudas
el trébol de la voz, la sombra del deseo,
vas abriendo en mi nombre ventanas al espacio y agujeros azules en mi pecho
por donde los veranos huyen lamentándose.
Transparente, aguzado, entretejido de aire
floto en la duermevela, y todavía digo tu nombre
y te despierto acongojada.
Pero te esfuerzas y me olvidas,
yo soy apenas la burbuja que te refleja,
que destruirás con sólo un parpadeo.
Julio Cortázar
viernes, 22 de mayo de 2009

Intento descifrar códigos que ya son imposibles de entender. Me ha vencido la histeria y la desesperación llevándome a un abismo tan oscuro que no puedo ver ni siquiera la punta de mi nariz. No puedo sentir siquiera la dureza de las piedras de las paredes que me rodean. Es tan profunda la oscuridad. Tengo tanto miedo de no encontrar el camino de regreso. Ya no puedo encontrarme ni a mí misma, ya perdí el control. Y se me resbala la tranquilidad, la paciencia de las manos, y empiezo a temblar, a temblar, a temblar. Y las mejillas me arden y ahogo el sonido en el mismo silencio, o me tapo la boca, o lo ahogo en mi agua, lo ahogo, lo ahogo, pero renace mil veces. No puedo terminar de matar el sonido, es demasiado fuerte, me está llevando tan lejos. No entiendo adónde voy a llegar. Intento descifrar códigos, no puedo, no puedo controlarme. Desde mis ojos hasta mi cerebro vuelan palabras y sentidos que no puedo entender. No sé qué interpretar. No sé y las mejillas me arden, se prenden fuego y el incendio no cesa. No para. No para. No para. Tengo miedo a que nada quede vivo. Quisiera poder, así como puedo con otras personas, apagarme, tratar de calmar las llamas. Y me desfigura la vida el hecho de que los elefantes sean tan grandes. Tan grandes que no se pueden ver desde los ojos de una hormiga. Tan grandes que pierden importancia, que pierden valor, que se quedan ahí, sólo siendo un gris... un gris y nada más que un simple gris. Y es que ya no aguanto..no aguanto..no aguanto. Es horrible tener que medir palabras, tragarme los gritos, tragarme lo que siento, tratar de estar mejor y no llegar, no llegar nunca. Avanzo y retrocedo, me quedo estancada. Demasiadas explosiones en poco tiempo, demasiadas, demasiada pólvora. Siento entre mis ramas un vacío que se va contra mi pecho y presiona, me quita el aire de los pulmones, me tira, me caigo. Demasiado vacío, un pesado vacío. Y escribo esto como un ruego de catarsis que ya culmina con su súplica. Odio los milagros. Los odio porque tiendo a confiar en ellos y no me dan la mano. Todos los días espero un milagro y no lo encuentro. Y si sigo con las palabras, va a ser peor.
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