
Me siento morir en ti, atravesado de espacios que crecen,
que me comen igual que mariposas hambrientas.
Cierro los ojos y estoy tendido en tu memoria, apenas vivo,
con los abiertos labios donde remonta el río del olvido.
Y tú, con delicadas pinzas de paciencia me arrancas
los dientes, las pestañas, me desnudas
el trébol de la voz, la sombra del deseo,
vas abriendo en mi nombre ventanas al espacio y agujeros azules en mi pecho
por donde los veranos huyen lamentándose.
Transparente, aguzado, entretejido de aire
floto en la duermevela, y todavía digo tu nombre
y te despierto acongojada.
Pero te esfuerzas y me olvidas,
yo soy apenas la burbuja que te refleja,
que destruirás con sólo un parpadeo.
Julio Cortázar