
Después de tantos abismos, vuelvo al primero otra vez,
a cruzarlo de nuevo, si es que alguna vez lo crucé
y a decirle al aliento que ya estoy cansada.
Creí que con el amor de la flor bastaba
y ahora, sin respuestas,
o peor, sin preguntas ni dudas, estoy crucificada en mis delirios.
Del filo de la espada no puedo escapar.
Y lo mejor es que estoy sola.
Puramente sola.
Las gotas de sangre corren por mi cuello,
se mezclan con el agua salada,
y alivianan mis manos de las esposas...
¿o aún no pasa?
Cuando se destilan los rencores,
allá donde se pintaban caritas felices,
cuando me visita la verdad y no me deja bajar los párpados.
Vacía de negaciones y llena de silencios,
ella me acaricia con sus manos de fuego,
y yo, quieta, cierro los ojos,
esperando que se canse de mi necedad.
Ya no sé cómo dejar de apuntar a tanto dolor.
Maldita realidad...No te quiero aquí...
¡Luché tanto por vencerte!
Pero me quedo aquí aún...
Cansada...
Necia...
...vacía de luces.




