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viernes, 9 de abril de 2010

El Silencio del Delirio














Después de tantos abismos, vuelvo al primero otra vez,
a cruzarlo de nuevo, si es que alguna vez lo crucé
y a decirle al aliento que ya estoy cansada.


Creí que con el amor de la flor bastaba

y ahora, sin respuestas,
o peor, sin preguntas ni dudas, estoy crucificada en mis delirios.


Del filo de la espada no puedo escapar.

Y lo mejor es que estoy sola.

Puramente sola.

Las gotas de sangre corren por mi cuello,

se mezclan con el agua salada,

y alivianan mis manos de las esposas...

¿o aún no pasa?


Cuando se destilan los rencores,

allá donde se pintaban caritas felices,
cuando me visita la verdad y no me deja bajar los párpados.

Vacía de negaciones y llena de silencios,

ella me acaricia con sus manos de fuego,

y yo, quieta, cierro los ojos,
esperando que se canse de mi necedad.


Ya no sé cómo dejar de apuntar a tanto dolor.

Maldita realidad...No te quiero aquí...

¡Luché tanto por vencerte!

Pero me quedo aquí aún...

Cansada...

Necia...

...vacía de luces.

lunes, 29 de marzo de 2010

Consejo


Los sueños...son para soñarlos, no para volverlos reales. Si eso pasa de a poco se agrietan, se vuelven ásperos, defectuosos, y dejan de ser lo que eran.


Por eso es mejor guardarlos a salvo y recordarlos, tratar de sentirlos. Sólo en la imaginación, no aquí, en pleno mundo ordinario. Son demasiado especiales y perfectos como para mezclarlos con los errores humanos.











Podés pedir renacer cuando amanezca en vos tu sexto sentido.

viernes, 12 de marzo de 2010

Pronticidades


-
Este poema no vale nada.
Nada no vale este poema que aterriza lentamente a causa de síntomas gravitacionales del grafito.
Y no vale nada este poema porque vale demasiado, me cuenta de tus ojos cansados
y tu mirada constante y tu presencia madura
en el aire que pronto será mi síntoma de locura cuando las nubes me dejen el camino libre para caer.
-

sábado, 27 de febrero de 2010

Quedarme, quedarte


Quedarme en este lugar.

No puedo...
deshacerme de esa sensación de eternisismos.
Apagar las luces para descansar
en tu respiración,
que me empujes adonde la noche
me ayude a cerrar los ojos en un pacífica frescura.

No quiero parar de jugar.
No puedo deshacerme de las ganas de besarte otra vez, otra vez.
Quebrar mis sentidos,
para dejarte ir,
para que vayas sin darte cuenta de que te quiero,
para que te vayas sin darte cuenta de que me quieres.

Pintarte un lugar.

No puedo darte todo, pero te doy a mí misma.

Mojar mi cabeza para saciar el dolor..


Debes saber...que sos algo más de lo que siempre fuiste.
Debes saber...que, amor, eso sos.

viernes, 12 de febrero de 2010

Insuficiencia

No me basta con tenerte bajo los árboles,
enredado en mis manos,
ansioso como un pajarito en apuros.
No me alcanza con absorber,
gota por gota,
tu piel hasta que te haces arena.
Quiero tus labios,
condenados a cadena perpetua,
entre los míos;
consumir tu perfume
hasta que digan que es mío;
robar tu luz de atardecer
y la brisa de lo que se cruza por tu mente cuando duermes…
No me basta con tu mirada azucarada.

Ansío ser todo lo que sientes y percibes:

cada gusto a chocolate, cada pálpito,
cada nota, cada sombra,
el calor del Sol en tu cara,
tu ansiedad y tu deseo…
tu completa libertad.

martes, 9 de febrero de 2010

Para vos, para mí


"Podríamos tener una discusión sobre el amor. Yo te diría que amo la curiosa manera en que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen, exploradores que renuevan el más antiguo acto del conocimiento."

(...)

Gioconda Belli, "Definición"

sábado, 6 de febrero de 2010

Espantapájaros, de Oliverio Girondo


No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible - no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.