Cada vez más te alejarás y te irás de a poco.
Te llevarás todo.
Lentamente sacarás las sábanas perfumadas,
recortarás tus huellas del piso,
atraparás, con tus manos, las moléculas del aire que atravesaste, borrarás tus dibujos del vidrio empañado.
Meterás todo en tu cajita de hierro.
A veces dejarás algo, pero de a poco me daré cuenta
que cada vez te llevarás más.
Te llevarás más hasta dejarme nada,
hasta llevarte todos tus barquitos de colores.
Tengo miedo de que rescates aquel tesoro
que se derrama por las grietas que mis manos intentan cerrar. Sé que te esforzarás.
Sé que un día me despertaré con mis manos vacías y heladas,
el presente estará lleno de imágenes pasadas.
Se despertaron aquel susurro y su poder indiscriminado sobre mis oídos. Ellos luchaban por ser libres. Tenían derecho a serlo. Entonces la piel empezó a quemarse desesperada por darle al tacto un sabor amargo, por sacar ese gusto del medio de mi estómago, que subía por mi esófago y empezaba a manchar el aire de palabras sin coherencia que repetían cosas sin solución. Cuando yo desperté, intenté detener la luz, que residió en mis ojos abiertos, con la figura de mi mano. La luz solar se había ubicado en el centro de mi ventana al mundo y quería aturdirme sin motivarme a darle la bienvenida al día.Mi cansancio se encaprichó y todo se volvió oscuridad de nuevo. Ya no puedo dictar a mis dedos, a mi lápiz, a mis hojas en blanco. La tinta es rebelde y las palabras ahora saben realmente lo que es tragarse su significado y que les duela la panza.. ¿ Es mejor vomitar y que te duela la cabeza o estar con dolor de panza y náuseas mientras todos los minutos pasan, conversan un poco y se toman un café tranquilamente? Ya no sé, encima también pago la cuenta del café, claro. A veces quiero realmente sentirme en medio de la atmósfera y realmente caer. En mis caídas, lo peor es el hecho de que seguís vivo después de ellas y te duele todo. Cuando caés se te entierra una gran piedra verde unos centímetros arriba del pupo que puede profundizar su posición cuando quiere y desde ahí mismo te inyecta cianuro en las venas. Y vos vas al médico. Y el médico no sabe. Y el médico no entiende nada. ¿Y qué querés que entienda si es un médico? No hay medicinas para sacar piedras verdes del medio de tu cuerpo y menos para extraer todo el cianuro que tenés y recorre campantemente cada caminito que tenés desde tus pies a la cabeza. Y no, y no. Ya lo sé. Sólo era por si acaso...Es que ese dolor me complica el abrir los ojos todas las mañanas, me complica todo el día, todos los días, toda mi semana, todas mis semanas, todo el tiempo que sigo viva y me someto a esta masa de realidad que no se lleva bien con la de irrealidad en la que intento congelarme cuando sueño...
El tiempo nos congela en un blanco frío.Mi piel ya no siente nada. Mi piel está acostumbrada a el pinchazo severo de ese blanco congelante.Mis alas. Mis alas siguen abiertas.Yo sólo quiero usarlas.
Somos fantasmas en busca de sufrir el tacto. Cada vez que quiero volar más alto todo puede caer más bajo. Somos seres sedientos de vida. Las lágrimas son ácidas, son dulces a la vez. Quisiera tener el don de hacerte feliz...
Marcas, vestigios, ruidos, imágenes, papeles de colores, hojas, nubes, lluvia, sonrisas, lágrimas, pisadas, caminos, palabras, susurros, cosquillas, tiempo, lugares. Todos guardados en el cajón, en el cajón abierto. No saben enajenarse del presente. No se puede ahorcar el corazón dejando que la sangre siga circulando.
En medio de mi garganta siguen intactas tantas palabras borradas, reprimidas por la mente, atiborradas de sentidos, censuradas, prohibidas, inmóviles, cansadas de permanecer congeladas en el mismo sitio. Palabras, palabras que quieren dejar de ser, pero son, palabras que no enseñé pero que quedan como espinas en mi garganta para no ser espinas en otro lugar, palabras que no quieren revolver, que no quieren recordar, que no quieren hacer mal, que sólo intentan volverse invisibles para no lastimar al que ya sufre desangre y si pudieran suicidarse se tirarían por un acantilado al mar para no volver jamás, para no hacer llorar. Palabras que connotan demasiado. Palabras que cada vez sienten ser más y más tardías. Palabras que sienten, palabras que desahogarían y ahogarían si se revelaran ante mi dictadura. Palabras integrantes de sectas, de organizaciones secretas que la atmósfera no debe conocer. Son tantas palabras y hacen tanto por amor. Palabras de esas que el viento no lleva nunca, no puede arrastrarlas porque pesan demasiado.
En cada momento solitario la imagen se queda inmóvil ante los ojos. Pero no es la imagen de enfrente, por supuesto, todo lo contrario. Es ahí cuando se escuchan a lo lejos las canciones, las melodías hermosas de un piano cruel frente a las que se rinden mis ojos, alejan las espadas, el fuego y ya no les queda más que sentirlas, ya no les queda chance, ya ni siquiera tienen fuerza para evitar…evitar todo lo que sigue. Mi barco tiene su ancla bien enterrada en el fondo, y como a alguien le dije, no tengo ni botella, ni pluma, ni papel… Le tengo miedo a esas olas gigantes, son enormes y yo cuento sólo con un impermeable. Qué absurdo…Como si eso me salvara de todo el mar!
Ya ni siquiera pido una segunda jugada
para intentar atacar y derribar tus fuertes,
para intentar surgir el cansancio de tus brazos
y que, ya así, las paredes en ruinas puedas entender al ver mis ojos
lo que intentan gritar las espadas.
Tan lejos estás, tan lejos tus pisadas. Este aire se contamina de ausencia.
El ardor en mis manos inútiles y degradables que no pueden transgredir las dimensiones hasta alcanzar tus labios, me consume ácidamente hasta la médula. Sólo quedan tumbas rellenas de aquella vida
envuelta en la presencia de tu aliento, que suave,
respondía a mis temores y, cual polvo de hada,
me hacía flotar sobre las espinas enjugadas en desdicha sobre las que caí al aterrizar.
Me siento morir en ti, atravesado de espacios que crecen, que me comen igual que mariposas hambrientas. Cierro los ojos y estoy tendido en tu memoria, apenas vivo, con los abiertos labios donde remonta el río del olvido.Y tú, con delicadas pinzas de paciencia me arrancas los dientes, las pestañas, me desnudas el trébol de la voz, la sombra del deseo, vas abriendo en mi nombre ventanas al espacio y agujeros azules en mi pechopor donde los veranos huyen lamentándose. Transparente, aguzado, entretejido de aire floto en la duermevela, y todavía digo tu nombrey te despierto acongojada. Pero te esfuerzas y me olvidas, yo soy apenas la burbuja que te refleja, que destruirás con sólo un parpadeo.Julio Cortázar