Ya no encuentro más pistas. Es preferible dejar atrás preguntas sin respuestas y mirar en el fondo del canela de tus ojos, asumir esa postura de placer actual siendo consciente de mi propia inconsciencia. Lentamente, la fuerza se degradó en colores menos opacos, casi invisibles y la pared prácticamente ya no existe. Me dolerá saber que no sé qué nos espera detrás de todo esto, qué nos acorrala, qué es lo que nuestros órganos pueden cometer para dañarnos hasta estrellarnos. Y más allá de tantas cadenas que no se rompen, espero ansiosamente el falso momento en que puedan romperse y dejarme ciega ante la luz para ser libre y encarcelarme en otras prisiones que aparenten ser paraísos. El haz oscuro de mi locura me hizo entender que no se sabe enloquecer, enloquecer se es, enloquecer se hace y se siente, enloquecer nos cuesta toda la racionalidad y el líquido que nos alimenta fingiendo ser felices.
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