Otra vez. Una vez es día.
Otra vez que abro los ojos, te recuerdo.
Te recuerdo, otra vez y empiezo el juego antigravedad rutinario,
trato de no mirar a los costados para evitar toparme con las miradas
que acechan mi desesperación y provocan mi control.
Otra vez. Una vez es dolor.
Otra vez que me aprisiona los sesos,
las venas no aguantan tanta presión.
Y recuerdo, recuerdo palabras hipócritas, la falta de comprensión,
los ojos de las raíces de mis cruces y de mi respiración.
Otra vez. Una vez es intento.
Otra vez que subo y me resbalo, caigo al barro,
tiemblo de frío, empapada y resignada,
escondida en cualquier árbol
que pueda poco refugiarme del agua helada que abandona las alturas.
Otra vez. Una vez es la nada.
Otra vez que invade mis ganas y expectativas,
las ilusas ideas que vagan, imposibles pasan o se quedan (qué más da, nunca ganan algo)
y mientras tanto los minutos me llevan de un lugar al otro y me duermo,
inexistente en la realidad de todo lo demás.
Otra vez... Supongo que otra vez ya no vale.
Los sucesos se mueren y resucitan,
pero siempre están.
Trato de olvidarlos pero un día se levantan de sus tumbas
y vuelven a hablarme como si recién nacieran.
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