
Intento descifrar códigos que ya son imposibles de entender. Me ha vencido la histeria y la desesperación llevándome a un abismo tan oscuro que no puedo ver ni siquiera la punta de mi nariz. No puedo sentir siquiera la dureza de las piedras de las paredes que me rodean. Es tan profunda la oscuridad. Tengo tanto miedo de no encontrar el camino de regreso. Ya no puedo encontrarme ni a mí misma, ya perdí el control. Y se me resbala la tranquilidad, la paciencia de las manos, y empiezo a temblar, a temblar, a temblar. Y las mejillas me arden y ahogo el sonido en el mismo silencio, o me tapo la boca, o lo ahogo en mi agua, lo ahogo, lo ahogo, pero renace mil veces. No puedo terminar de matar el sonido, es demasiado fuerte, me está llevando tan lejos. No entiendo adónde voy a llegar. Intento descifrar códigos, no puedo, no puedo controlarme. Desde mis ojos hasta mi cerebro vuelan palabras y sentidos que no puedo entender. No sé qué interpretar. No sé y las mejillas me arden, se prenden fuego y el incendio no cesa. No para. No para. No para. Tengo miedo a que nada quede vivo. Quisiera poder, así como puedo con otras personas, apagarme, tratar de calmar las llamas. Y me desfigura la vida el hecho de que los elefantes sean tan grandes. Tan grandes que no se pueden ver desde los ojos de una hormiga. Tan grandes que pierden importancia, que pierden valor, que se quedan ahí, sólo siendo un gris... un gris y nada más que un simple gris. Y es que ya no aguanto..no aguanto..no aguanto. Es horrible tener que medir palabras, tragarme los gritos, tragarme lo que siento, tratar de estar mejor y no llegar, no llegar nunca. Avanzo y retrocedo, me quedo estancada. Demasiadas explosiones en poco tiempo, demasiadas, demasiada pólvora. Siento entre mis ramas un vacío que se va contra mi pecho y presiona, me quita el aire de los pulmones, me tira, me caigo. Demasiado vacío, un pesado vacío. Y escribo esto como un ruego de catarsis que ya culmina con su súplica. Odio los milagros. Los odio porque tiendo a confiar en ellos y no me dan la mano. Todos los días espero un milagro y no lo encuentro. Y si sigo con las palabras, va a ser peor.





